Esta nueva relación entre corporativos y emprendedores ha resultado de mucho valor para ambas partes

El emprendimiento social existe en gran parte gracias a la Inversión de Impacto, término definido como aquellas inversiones hechas en empresas, organizaciones o fondos cuya misión es mejorar las condiciones socio-ambientales de la gente, al mismo tiempo que generan un retorno financiero. Según el estudio The Impact Investing Landscape in Latin America publicado por ANDE, en México la inversión de impacto tiene todavía mucho campo para crecer en lo que se refiere a sumar a los grandes corporativos como actores importantes de este sector. 

En vías de incrementar su participación, las empresas pueden hacer Corporate Venturing (en español se conoce como Capital de Riesgo Corporativo), que es invertir directamente fondos de la compañía en start-ups externas. Si bien el corporate venturing todavía no es una práctica predominante para apoyar a emprendedores sociales, podemos ver cómo ha crecido en los últimos años en industrias como la tecnología de la información, bienes de consumo y servicios financieros. En el 2015 alcanzó su cifra máxima cuando se destinaron más de 75 mil millones de dólares en inversiones corporativas y logró abarcar el 25% de todas las inversiones hechas en start-ups a nivel global

Esta nueva relación entre corporativos y emprendedores ha resultado de mucho valor para ambas partes.  En el caso de las empresas grandes (muy al contrario de lo que podríamos pensar) la principal ventaja no está en el retorno de inversión, sino en el conocimiento adquirido por ser socios de start-ups que están innovando rápida y constantemente. Esta asociación les permite adquirir de forma indirecta capacidades tecnológicas, información de mercado y conocimientos que sus propios empleados no tienen y que les costaría mucho poder generar internamente debido a su tamaño. Desde la perspectiva de las start-ups las ventajas son que obtienen inversiones para desarrollar su negocio, que pueden vincularse a una marca reconocida y que reciben desde consejos estratégicos hasta capacitación de expertos en su sector. Del mismo modo, las empresas grandes les pueden resolver problemas operativos dándoles acceso a consumidores y canales de distribución que no podrían tener tan fácilmente. 





Un ejemplo de cómo la adquisición de conocimiento puede ser muy valiosa es el caso de NBC Universal, transnacional americana de medios y entretenimiento que invirtió en BuzzFeed, empresa independiente de medios digitales. Cuando NBC quiso ampliar su audiencia (originalmente eran personas de 30 años en adelante) para la transmisión de los Juegos Olímpicos de Río 2016, se apoyó en la plataforma y el personal de BuzzFeed para generar contenidos en Snapchat que fueran atractivos para los Millennials y la Generación Z. Como resultado tuvieron más de 2 mil millones de reproducciones de sus videos abarcando principalmente a usuarios que tenían entre 18 y 34 años de edad. Otro ejemplo de cómo el soporte operativo de la empresa grande puede impulsar a la pequeña es el de Seedlip, start-up del Reino Unido que desarrolló la primera bebida destilada sin alcohol del mundo y que forma parte del portafolio de Distill Ventures, brazo de Diageo, la empresa líder en producción y comercialización de bebidas alcohólicas a nivel global. Seedlip ya ha recibido inversión para desarrollar un producto que abre una nueva categoría en el mercado; ahora toca el turno de Diageo, que le proveerá los canales de distribución necesarios para que su negocio escale y alcance a consumidores a nivel global.  


Similares a estos casos, hay otros de empresas como GoogleIntelQualcomm y Salesforce que han hecho del desarrollo de start-ups una herramienta muy útil para mejorar su competitividad. Sin embargo, podemos ver que esta práctica se sigue llevando a cabo en los sectores tradicionales del capital de riesgo. Por lo mismo, vale la pena hacer esta pregunta: ¿Puede funcionar el concepto del Corporate Venturing en el ecosistema de las empresas sociales? Me parece que si es posible y que incluso podría impulsarlo. En la segunda entrega de este post hablaré sobre las ventajas de esta relación; y de los desafíos que deben superarse para impulsar de forma sostenible al emprendimiento social desde los grandes corporativos. 


Crédito de las imágenes:  seedlipdrinks.com y officesnapshots.com

Nota publicada en Expok News el 18 de noviembre del 2016


El pasado mes de junio, la analista Mary Meeker publicó su reporte anual más reciente sobre las tendencias del internet. Este archivo en formato Power Point de más de 200 páginas es uno de los documentos más esperados por empresas, inversionistas, organizaciones de desarrollo, analistas y emprendedores que buscan tener información sólida sobre el comportamiento actual y el camino que está tomando la web en el mundo. Este documento arroja varios datos que vale la pena analizar. En especial me gustaría enfocarme en uno que considero muy relevante porque nos muestra la relación que tiene el internet con la pobreza en nuestros tiempos.

Y es que según el reporte de Meeker: el porcentaje de crecimiento de usuarios de internet en el 2015 reporta las mismas cifras del año anterior (9% en ambos periodos). De hecho, si se excluye a la India el crecimiento global sería desacelerado con un 7%. Asimismo,  los países donde aún se observa crecimiento son los menos ricos, por lo que se requerirá de nuevas inversiones para poder llevar internet a más personas en el futuro.

De acuerdo a los datos presentados, existen en el mundo más de 3 mil millones de personas con acceso a la web, que es el equivalente al 43% de la población mundial. Estos números son importantes y podrían verse como algo positivo. Sin embargo, el internet ya llegó a los usuarios de “fácil acceso” y ahora - para continuar creciendo - tendrá que enfocarse en mercados mucho más difíciles de alcanzar y ubicados en su mayoría en países en desarrollo.  Problemas como la falta de infraestructura y el bajo poder adquisitivo de las poblaciones son mencionados como los principales obstáculos. Debido a que ambos factores requieren de soluciones complejas y de largo plazo, podríamos suponer que el internet se ha afrontado por primera vez en su historia a un gran enemigo: la pobreza.

En el camino por conectar a más gente habrá mucha innovación y muchos actores del sector privado involucrados. Por ejemplo, hace unos días Facebook logró con éxito el primer vuelo de prueba de “Aquila”, un dron que buscará proveer de acceso a internet en áreas remotas desde las alturas. Google no se queda atrás ya que pilotea desde el 2013 una idea similar con “Project Loon”, en el que se utilizan globos.  

Aún queda mucho por hacer para que este mundo esté interconectado en su totalidad. Será interesante ver las nuevas formas en las que se superarán los obstáculos que la pobreza traerá al internet en vías de convertirse en un derecho de todos. Por lo pronto les comparto el reporte anual de Meeker para que lo revisen con calma.


Ilustración de la guapísima Isaura Izquierdo

Artículo publicado en Expok el 1 de agosto del 2016 


Están por terminar los días en los que el gobierno y las organizaciones de la sociedad civil tenían la exclusividad de resolver los problemas de la comunidad. Esto se debe en gran parte al creciente número de empresas que están detonando alianzas público-privadas muy valiosas para el desarrollo. Uno de los instrumentos más novedosos en este tipo de colaboraciones multisectoriales son los Bonos de Impacto Social (BIS).

Explicados en breves líneas, los BIS son alianzas entre distintos actores en las que inversionistas de impacto y empresas sociales asumen el riesgo financiero de ejecutar un programa de apoyo a la comunidad (principalmente dirigido a grupos vulnerables). Al finalizar, el impacto de este proyecto es evaluado por un tercero; y si entrega buenos resultados el gobierno le paga de vuelta la inversión a los involucrados con tazas muy atractivas. En otras palabras, los inversionistas privados apoyan a las empresas sociales a combatir algún problema de interés del gobierno y este último les devuelve su inversión sin asumir ningún riesgo y asegurándose de que el dinero de los contribuyentes se utilizó en programas exitosos. Este pago sólo se hace si el programa cumple o supera los resultados previamente establecidos; de ahí que esta herramienta también se conozca como “acuerdos de pago-por-éxito”. Si bien los BIS se encuentran en una etapa temprana, ya hay caso exitosos en el Reino Unido y en Estados Unidos donde se han desarrollado proyectos para reducir la tasa de reincidencia delictiva de ex convictos en la sociedad.

Desde mi punto de vista, estas son algunas ventajas de este nuevo formato de cooperación:

Gasto público efectivo y transparente. Como los BIS son contratos que sólo se pagan si funcionan, los gobiernos pueden reducir riesgos de gasto en programas no exitosos. Por otro lado, las empresas sociales están obligadas a ser muy profesionales en sus mediciones de impacto si quieren ver un retorno para sus inversionistas. Este tipo de acuerdos incentiva la existencia de mejores prácticas de medición y reporte entre los actores involucrados.

Más inversión privada para el desarrollo. En ocasiones la inversión privada para programas sociales se ve restringida porque las empresas no confían o tienen poca certeza de la cantidad de recursos que asignará su contraparte gubernamental. Los BIS sirven para eliminar esta preocupación ya que establecen reglas claras sobre los pagos que deberán hacer los gobiernos en caso de que los programas sean exitosos.

Promueven una visión de mediano y largo plazo. El hecho de pagar hasta que el programa demuestre tener impactos positivos hace que los involucrados tengan una visión de mediano y largo plazo. Este modelo rompe con los esquemas tradicionales de financiamiento para el desarrollo que se enfocan en proyectos con planes muy atractivos, pero que son pobremente evaluados en sus resultados finales.  

En conclusión, los BIS han demostrado ser exitosos y por lo mismo merecen ser probados en más países. Una de las tantas responsabilidades de las organizaciones e individuos que buscamos detonar cambios positivos en la sociedad es promover soluciones innovadoras. Por lo mismo, considero que los Bonos de Impacto Social son una herramienta muy valiosa para hacer más atractiva la inversión para el desarrollo y tener alianzas público-privadas efectivas y transparentes.

Si quieren saber más sobre los Bonos de Impacto Social, no dejen de ver el Ted Talk de Toby Eccles, Fundador de Social Finance y uno de los creadores de este concepto.







Artículo publicado en Expok News el 20 de mayo del 2016

Foto: Danilo Pinzón / World Bank 





La mejor tarjeta de presentación que una empresa puede tener es sin duda su informe público de sostenibilidad, en especial cuando lo que busca es lograr una alianza valiosa o una inversión importante. Cada vez es más común observar que los organismos reguladores y las instituciones financieras muestren interés en conocer asuntos relacionados con la gobernanza e impactos sociales y ambientales del sector privado. Por lo mismo, aquellas empresas que demuestren haber reportado de forma seria y regular su desempeño en estos temas tendrán mayores oportunidades que sus pares que aún se gestionan como si vivieran en el pasado. Si bien dicen que “no hay un traje a la medida de todos”, considero que estos son los dos marcos para reportar sostenibilidad corporativa e impacto social más adecuados para empresas sociales y organizaciones transnacionales respectivamente.

IRISIniciales de Impact Reporting and Investment Standards, una iniciativa de la Red Global de Inversión de Impacto (GIIN) que presenta un catálogo de 450 indicadores de impacto financiero, social y ambiental diseñado para ser usado por fondos de inversión, empresas y fundaciones alrededor del mundo. Por un lado, IRIS facilita la toma de decisión de los inversionistas al proveerles de información creíble y comparable entre empresas. Por el otro, ayuda a los emprendedores a reconocer indicadores que pueden ir implementando desde las fases iniciales de su negocio. Esta iniciativa de más de 3,000 usuarios es la más adecuada para ser usada por empresas sociales según la Universidad de Stanford.  

GRILas directrices de Global Reporting Initiative es un estándar de reporte de sostenibilidad corporativa lanzado hace casi veinte años. Más de 9,000 organizaciones en 90 países han logrado consolidarla como la iniciativa más importante en su tipo. Su correcta implementación le facilita a las organizaciones tener un mejor entendimiento de su impacto en la gente y la naturaleza, al mismo tiempo que le permite transparentar sus acciones y comparar su desempeño.  Si bien su intención es ser usada por organizaciones de todos los tamaños, ha sido adoptada principalmente por empresas grandes. Sin duda su aval más importante es el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, organización que recomienda su utilización para elaborar informes públicos de sostenibilidad.


Ambos marcos tienen como objetivo la transparencia y rendición de cuentas. Sin embargo, IRIS es más conveniente para aquellas empresas pequeñas que buscan inversiones para escalar su impacto; mientras que GRI es muy útil para empresas grandes que tienen una amplia gama de grupos de interés y necesitan priorizar sus acciones y comunicarlas de forma estratégica. Cualquiera de los dos catálogos puede usarse libremente y sin costo. Mi recomendación para los emprendedores sociales es usar IRIS en un principio y conforme vaya creciendo la empresa migrar a GRI. Ambas organizaciones se han encargado de hacer más fácil esta transición al elaborar una guía que vincula sus indicadores.

La evolución de estas dos iniciativas indica un interés real del sector privado por adoptar estándares de reporte de sostenibilidad. Por lo mismo estas herramientas pueden ser muy útiles para atender esta tendencia y detonar la presencia de un mayor número de empresas transparentes que le entreguen informes confiables en nuestra sociedad. Esperemos que en el futuro haya más “tarjetas de presentación” de este tipo.





Al ser comparado con la filantropía, el emprendimiento social puede diferenciarse principalmente por dos elementos: su naturaleza de negocio y el uso de la innovación como herramienta para alcanzar sus objetivos. Por lo mismo, no es de sorprender que los emprendedores sociales usen y adapten métodos del sector privado para atacar problemas como la pobreza o el deterioro ambiental.  

Uno de estos casos es la adopción del Diseño Centrado en las Personas, metodología impulsada por la Stanford D-School y  la empresa IDEO que por varios años ha demostrado ser una herramienta muy útil para innovar y resolver creativamente los desafíos de varios negocios alrededor del mundo. La propuesta es orientarse menos en el tiempo que la empresa pasará planeando (y pensando) un producto o servicio y enfocarse mucho más en la experiencia real del usuario final. Esto se logra probando prototipos en el mundo real para generar empatía con las personas y buscar cometer errores más rápido y más barato, que te permitan hacer ajustes antes de lanzar un producto o servicio final. Los expertos comentan que este método ha sido muy exitoso en el sector social debido a que te permite conocer las comunidades a profundidad, empatizar con su gente y co-crear soluciones.

Sabiendo lo anterior, me surge una duda: ¿Será útil este enfoque para las organizaciones internacionales y gobiernos? En algunos casos, los organismos encargados de implementar programas de desarrollo han asumido desde sus oficinas lo que la gente necesita sin entender el contexto y los intereses reales de la comunidad. Esto da como consecuencia que las acciones realizadas en zonas de mucha pobreza no logren aliviarla a largo plazo y sólo sirvan como una medida de control temporal. Otro problema es la burocracia y el sosiego institucional de algunas de estas organizaciones que terminan por ser un terrible lastre para el buen desempeño de los proyectos sociales de alto impacto. De ahí que el Diseño Centrado en las Personas pueda verse como una alternativa sensata y una herramienta que les pueda ayudar a ser más eficientes, rápidas y atinadas. Afortunadamente ya hay casos de éxito. Unicef, USAID y la Fundación Bill & Melinda Gates han implementado este enfoque para combatir problemas de salud en Uganda, acceso al agua en la India y mejorado procesos de registro civil de niños en Nicaragua.


Los fondos para el desarrollo son cada vez menos y tenemos frente a nosotros varios problemas sociales que resolver. Por lo mismo es importante renovarse e intentar nuevas formas para obtener mejores resultados. Estoy seguro que esta metodología dará mucho de que hablar en el futuro. Si quieres conocer más del Diseño Centrado en las Personas o te interesa poner manos a la obra (mejor aun), puedes consultar aquí la guía de implementación en el campo.




**Foto de ideo.org 

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